Traducción al español gracias al programa PassaPorte de Bélgica. Obra ganadora del premio L’inédithéâtre (2016), otorgado por un jurado de bachilleres francófonos.
Una pieza donde el absurdo y el humor negro exponen con crudeza los mecanismos de una sociedad clasista, machista y emocionalmente asfixiante. Dirigida por Boris Schoemann, la puesta en escena conserva el contexto belga contemporáneo —espejo de problemáticas actuales— mientras explora la farsa desde la verosimilitud más descarnada.
La escenografía de Anna Adrià Reventós y el paisaje sonoro de Alejandro Pressier funcionan como un leitmotiv que, a lo largo del montaje, se descompone progresivamente. Este deterioro sensorial traduce en escena la asfixia cotidiana de una familia atrapada en sus propios rituales y jerarquías, hasta que la irrupción inesperada de otra familia comienza a resquebrajar esa normalidad sofocante. La luz, los objetos, los sonidos y los silencios se transforman dejando al descubierto el vacío y la violencia latente en lo doméstico.
La influencia de Pina Bausch se manifiesta tanto en la estructura dramatúrgica como en el lenguaje escénico. La repetición se convierte en un recurso central que articula la progresión dramática: gestos, frases y patrones físicos retornan una y otra vez, cargándose de nuevo sentido con cada iteración. Lo grotesco se vuelve conmovedor, lo absurdo se revela trágico.
Las asesorías de movimiento de Nohemí Espinosa y Rosa Villanueva aportan una dimensión física que oscila entre la comedia mínima y la coreografía emocional. Sus intervenciones sostienen y potencian esa lógica de repetición, generando momentos donde el patetismo, la ternura y la belleza emergen desde lo corporal.
Un elenco compuesto por Esther Orozco, Alejandro Calva, Constantino Morán, Pilar Boliver, Fernando Bueno y Emmanuel Pavía— encarnan a dos familias disfuncionales que, al encontrarse, ponen en evidencia la violenta relación entre clases sociales y los roles de poder al interior de cada estrato. La dirección apuesta por la verdad en medio del delirio: situaciones extremas interpretadas con naturalidad, bajo una atmósfera que combina lo surrealista con lo profundamente cotidiano.
El Teatro Santa Catarina, con su intimidad y estructura de doble frente, potencia la proximidad física que exige el montaje. Un viaje inmersivo al corazón de las contradicciones humanas, donde el artificio se revela como el único camino hacia la verdad.