El Colegio de San Ildefonso presenta la obra Tzompantli, de Gustavo Monroy, como parte del programa dedicado a difundir algunas manifestaciones de artistas que renuevan los lenguajes y técnicas del muralismo mexicano desde una perspectiva contemporánea.
A lo largo de más de cuatro décadas, Monroy ha construido un lenguaje visual que, mediante una iconografía incisiva, denuncia las violencias e injusticias que atraviesan la vida social y política de México. Con su trabajo recurre a referencias religiosas, históricas y artísticas que reapropia para hablar de nuestro contexto. En esta pieza, alude al Huey Tzompantli; plataforma monumental hallada hace una década a escasos metros del Colegio de San Ildefonso, en la que los mexicas exhibían los cráneos de personas sacrificadas en el Templo Mayor como ofrenda a Huitzilopochtli, dios del Sol y de la guerra.
Mediante una composición que estratifica paisajes y capas temporales, la pieza enlaza el tiempo prehispánico con nuestra actualidad, articulando un discurso sobre las víctimas anónimas que forman parte del templo-territorio-nacional, un entorno marcado por la violencia, las desapariciones y la sistemática privación de los derechos que padecen miles de individuos y comunidades. En este sentido, la obra es una alusión al territorio mexicano actual, donde son depositados los cuerpos de personas asesinadas en el contexto de los feminicidios, los secuestros, la discriminación, así como el sufrimiento de niños, niñas y jóvenes.
En su poética visual, el concepto de frontera adquiere un lugar preponderante, una zona de fricción cultural y conflicto social, a la vez de intercambio y de fluctuación de identidades, cuyo legado se expande más allá de las regiones demarcadas. En ese sentido, Tzompantli clama por la vida, la justicia y la diversidad, a través de este referente ineludible del pasado prehispánico, que nos transporta a una esfera tanto trágica como regenerativa. Instalada sobre un territorio cargado de capas de historia, la pieza encuentra un suelo propicio para activar su dimensión ritual sobre lo que fuera, para los antiguos mexicas, parte del perímetro sagrado de México-Tenochtitlan.