Resultado de un largo proceso histórico en el que se reúnen quienes desean aprender y quienes están dispuestos a compartir sus conocimientos, la universidad es una de las creaciones más importantes de la civilización humana. Aun cuando han sido muchas las formas que adopta este ejercicio de transmisión y creación del conocimiento, hoy en día la institución universitaria ha echado raíces en prácticamente todas las culturas y naciones del mundo.
Existen antecedentes en el México antiguo, como el Calmécac mexica, pero la primera universidad en nuestro territorio fue obra del virreinato de la Nueva España, cuando en 1551 —gracias a las gestiones del virrey Antonio de Mendoza— Carlos I de España emite la cédula que funda la Real Universidad de México. La primera Universidad de México no se conformó con reproducir las ideas dominantes de la monarquía española, sino que dio fundamento a un desarrollo propio de la Nueva España y en su seno se gestaron algunas de las ideas que hicieron posible el México independiente. Más tarde, el fin de la Real y Pontificia Universidad y el nacimiento de las escuelas ilustradas y liberales abrieron las puertas al México moderno, que impulsan las reformas del presidente Benito Juárez. Este proceso culmina en 1910 con la creación de la Universidad Nacional de México en el anfiteatro de la Escuela Nacional Preparatoria de San Ildefonso, en un acto encabezado por Justo Sierra y el presidente Porfirio Díaz.
Con el triunfo de la Revolución y bajo el liderazgo de José Vasconcelos, la Universidad se consolida como una institución pública al servicio del pueblo y la nación. En 1929, como consecuencia de un movimiento estudiantil, esta casa de estudios conquista su autonomía con el propósito de cumplir con libertad sus tareas esenciales.
Formada por estudiantes, profesores, investigadores, trabajadores y personal administrativo, la UNAM es una gran comunidad en la que interactúan personas con perspectivas diversas y donde el diálogo de las ideas y la libertad para expresarlas estimula el desarrollo del conocimiento y beneficia a la sociedad en su conjunto. La naturaleza crítica de la Universidad fue expresada con claridad en 1968 por el rector Javier Barros Sierra, quien, en respuesta a la represión al movimiento estudiantil, reivindica el disenso como parte esencial del espíritu universitario: “¡Viva la discrepancia, porque es el espíritu de la Universidad! ¡Viva la discrepancia porque es lo mejor para servir!”
La curaduría de esta exposición es resultado de un trabajo colaborativo que ha involucrado a todas las facultades, escuelas, institutos, centros, coordinaciones y dependencias; este procedimiento, extremadamente laborioso y complejo —que es en sí mismo una experiencia museológica innovadora— busca expresar la riqueza de perspectivas, conocimientos y proyectos que, a través de la historia, ha producido nuestra Universidad en beneficio de México y el mundo.
Con esta exposición, la UNAM —acompañada por la Secretaría de Cultura de la República y el Gobierno de la Ciudad de México, instituciones mandantes del Colegio de San Ildefonso— se propone conmemorar su fascinante historia y abordar los retos que nos presenta el siglo XXI; este ejercicio colectivo recuerda que en tiempos de crisis e incertidumbre, como los que atraviesa ahora mismo la humanidad, México cuenta con un extraordinario laboratorio de futuros y esperanza.
Por mi raza hablará el espíritu
Universidad Nacional Autónoma de México